El régimen castrista anunció la aprobación de un tipo de cambio flotante entre el peso cubano (CUP) y el dólar estadounidense (USD), marcando un cambio significativo en la política cambiaria del país. El primer ministro Manuel Marrero Cruz informó que esta medida busca redimensionar el mercado cambiario oficial y ajustar el valor de la moneda nacional a las condiciones de oferta y demanda.
El nuevo sistema pone fin a la tasa fija previamente establecida por el Banco Central de Cuba (BCC) y establece un régimen más flexible, donde el valor del CUP se determinará por las fuerzas del mercado. “Es un proceso complejo por la participación del sector estatal, no estatal y la población, con tipos de cambio múltiples”, explicó Marrero Cruz durante su intervención.
En un sistema de cambio flotante, el valor de una moneda con respecto a otra se define por las condiciones del mercado. Factores como el comercio internacional, las tasas de interés y las expectativas económicas influyen directamente en la fluctuación de los valores. Básicamente, tiene en cuenta la oferta y la demanda.
Actualmente, en Cuba existe una marcada diferencia entre la tasa oficial de 120 CUP por USD y el tipo de cambio en el mercado informal, que supera los 325 CUP por USD. Este diferencial refleja la desconexión entre el mercado estatal y la economía real. Con el nuevo sistema flotante, similar al del mercado informal, el tipo de cambio oficial será muy parecido al del mercado negro.
Cuando se implementó el mal llamado ordenamiento económico se definió una relación fija de 24 CUP por cada USD. Luego, debido a la realidad imperante se pasó de súbito a un 1200 CUP por cada USD, para que la tasa oficial no estuviera tan alejada de la informal. Ahora, después de más de tres años, finalmente se hará lo que muchos economistas independientes aconsejaron hacer desde el principio.
Marrero Cruz anunció que sectores exportadores e importadores tendrán acceso directo a divisas bajo ciertas condiciones, incluyendo ventas mayoristas y minoristas aprobadas previamente.
Además, se aceptan pagos en divisas extranjeras en sectores como el turismo, farmacias, Casas del Habano, clínicas internacionales y aeropuertos. Por otro lado, los productores de bienes exportables y agropecuarios recibirán pagos en divisas como incentivo para impulsar la producción y reducir las importaciones.
Aunque el gobierno afirma que estas medidas buscan “desdolarizar” la economía, las estrategias recientemente anunciadas parecen apuntar hacia una mayor dependencia de las divisas extranjeras. La dolarización parcial incluye esquemas de aranceles en divisas y el pago por servicios asociados al comercio exterior, lo que contradice la narrativa oficial de fortalecimiento del CUP.
La transición a un tipo de cambio flotante enfrenta múltiples desafíos. La economía cubana, marcada por la escasez de divisas y una inflación galopante, podría experimentar mayor volatilidad en el corto plazo. Sin embargo, esta medida podría permitir ajustes más precisos y reducir la brecha entre los mercados oficial e informal.
