Una familia cubana, compuesta por Belkis Rodríguez, Guillermo Picos y su hijo menor, Denis Picos, fue deportada a La Habana, tras vivir casi tres años en Carolina del Norte, Estados Unidos. Su viaje de vuelta se realizó el pasado 29 de marzo, en el duodécimo vuelo de deportación desde que se reanudaron dichas operaciones, marcando el fin de su estadía en EEUU bajo un documento I-220A.
La cadena de eventos que llevó a su deportación comenzó con una desafortunada coincidencia: la programación de dos citas importantes en el mismo día y a la misma hora. Una con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) y otra ante la corte de inmigración.
La decisión de asistir primero a ICE resultó en un retraso fatal para la cita judicial, lo que provocó que el juez denegara la audiencia debido a la tardanza, y sin más, firmara la orden de deportación.
Este abrupto retorno a Cuba ha dejado a la familia en estado de shock, incapaces de asimilar que su vida en Estados Unidos haya terminado tan repentinamente. Su historia pone de relieve la precariedad de la situación de los cubanos con el documento I-220A en Estados Unidos, quienes pueden enfrentar la deportación en cualquier momento.
En respuesta a esta situación, Grisel Ibarra, la abogada de la familia, ha presentado una apelación contra el proceso de deportación. Ibarra sugiere que la vía más rápida para rectificar este error es a través de la Embajada de EEUU en Cuba, presionando para que se emita una visa y permita el retorno de la familia a suelo estadounidense bajo un parole. Además, en un gesto de solidaridad con la familia afectada, devolvió los honorarios que habían pagado por sus servicios.
Wilfredo Allen, otro abogado especializado en inmigración, ha aprovechado este caso para recordar a la comunidad cubana la importancia de dar prioridad a las citas con la corte de inmigración.
Asimismo, califica de “cruel” la decisión del juez de no reconsiderar el caso de la familia, incluso ante la evidencia de que su tardanza fue involuntaria, destacando la severidad con la que se manejan estos casos en el sistema judicial estadounidense.
El caso de la familia Rodríguez-Picos no solo ha desatado una ola de simpatía y apoyo entre la diáspora cubana, sino que también ha resaltado las complejidades y desafíos que enfrentan aquellos que buscan un futuro en Estados Unidos.