EEUUINMIGRACIÓN

Encuesta revela que mayoría apoya deportaciones de Trump, pero desconfían de los métodos

El apoyo a las deportaciones masivas impulsadas por la administración Trump llega a su noveno mes con opiniones divididas entre los votantes estadounidenses, según una reciente encuesta realizada por The New York Times y la Universidad de Siena.

El estudio, llevado a cabo en octubre de 2025, muestra que aunque 54% respalda la expulsión de inmigrantes en situación irregular, existe un creciente malestar sobre la forma en que se ejecutan estas medidas.

La encuesta reveló que el respaldo a las deportaciones se mantiene constante desde meses atrás, pero varía significativamente según la afiliación política. Más del 90% de los votantes republicanos están a favor, mientras que el apoyo cae al 52% entre independientes y a apenas 20% en el caso de los demócratas. Esta divergencia marca un panorama polarizado alrededor de un tema clave en la agenda política estadounidense.

Asimismo, la percepción sobre la justicia del proceso también es crítica. Un 53% de los encuestados creen que el proceso no es justo, y un 42% asegura que las personas erróneas están siendo deportadas. Esto se ha evidenciado en numerosas denuncias sobre detenciones de vendedores ambulantes, repartidores y trabajadores de la construcción, sectores mayoritariamente latinos, que han provocado indignación en varias comunidades.

Pese al apoyo social hacia la deportación como política general, las tácticas agresivas del gobierno han generado preocupación. Hay reportes de ciudadanos estadounidenses y residentes legales que han sido atrapados en redadas, aumentando la tensión en barrios y provocando enfrentamientos entre agentes migratorios, activistas y miembros de la comunidad.

El análisis arroja que cerca del 15% de los votantes, principalmente demócratas, apoyan la deportación, pero critican la dureza y las injusticias en el método. Patrick Morrissey, desde Albuquerque, ejemplifica esta postura: pese a coincidir en la necesidad de expulsar a quienes están irregularmente, aboga por salvaguardar a aquellos que contribuyen a la sociedad y piden un trato justo en tribunales. Asimismo, condena el uso de agentes federales enmascarados, que recuerda acciones represivas del pasado.

Otra posición moderada es la de Fietta Campbell, de Atlanta, quien considera que las personas que llevan años sin regularizar su situación deben ser deportadas, pero alerta sobre detenciones equivocadas de ciudadanos y residentes legales, hecho que considera injusto y perjudicial.

Un tema clave en este debate es la percepción de un sistema migratorio colapsado. Existen más de 11 millones de casos pendientes en los Servicios de Ciudadanía e Inmigración (USCIS), lo que genera un fuerte retraso y frustración. Muchos votantes lamentan que el sistema es anticuado, costoso y complicado, lo que añade una capa de complejidad entre el apoyo a la aplicación y la percepción de un proceso injusto.

Pese a las duras medidas, la opinión pública sobre la inmigración es en general más positiva. Un reciente sondeo de Gallup indica que un mayor número de estadounidenses la ve como algo beneficioso. No obstante, persiste una división marcada por líneas partidistas: el 75% de los republicanos considera que Estados Unidos sigue abierto a inmigrantes, frente a solo 25% de los demócratas con esa opinión.

Voces como la de Eric Restani, peluquero de San José, California, expresan preocupación por la imagen criminalizadora que da la administración a los inmigrantes. Para él, las acciones actuales son una “caza de brujas” que destroza familias, recordando prácticas similares al apartheid.

Arthur Rivera, profesional de TI en Michigan, apunta que aunque EEUU sigue abierta a sectores como tecnología, el sistema migratorio requiere una reforma, resaltando las dificultades que enfrentan los inmigrantes y la presión sobre los agentes fronterizos.

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